Con el corazón latiendo a mil por hora salía con la cabeza en alto de aquella corporación en la que trabajé mucho tiempo.
¡Detente ahí! Se escuchó decir a lo lejos.
En ese instante se me escarapeló todo el cuerpo, por lo que caminé lo más rápido que pude.
¡Mónica!.
Ya dejé las cosas claras, ahora sólo déjenme en paz!
Creo que debes explicar eso de que te casaste. ¡Soy tu padre y me debes explicaciones!
Mario, te estás pasando enserio. No te debo ninguna explicación, no eres mi padre. Ahora