No podía dormir y todo el día lo había pasado con una extraña sensación. Ya estamos en junio, en dos meses debía de nacer el bebé, y era tiempo de programar viaje en esa fecha, o ¿espero a que ella me llame?, para eso debía de encender el celular... ¡Mierda!, no sé qué tenía, no venía al caso intentar dormir. ¡Qué amanezca pronto! Apenas salió el sol llegué a la casona, hoy teníamos otro evento, cada ocho días estamos asistiendo a uno.
—Buenos días, hijo.
—Hola, tío.
—¡Qué milagro que desayunar