Llegué al lujoso despacho de Socorro, me recibió con un fuerte abrazo, no había llegado a las nuevas instalaciones, la última vez fue cuándo Vladímir se encontraba secuestrado. Eso siempre me parecerá un milagro, el que mi hermana llegara secuestrada al mismo lugar en donde a él lo habían recluido. Esos eran los milagros que suele decir el padre Castro, que ocurren de manera diaria.
—Estas instalaciones son obra de mi marido. Se siente culpable por ese año terrible que viví creyendo que me ha