Me senté en la cama de la habitación que fue mía en mi soltería. ¡No pude dormir un carajo!, a mí no podía mentirme, extrañé tanto su cuerpo pegado al mío. Algunas veces nos habíamos separado por mis viajes o en los de ella… ahora dudo lo que hacía. Intenté dormir desnudo, pero el frío no me dejó, a medianoche me tocó buscar un pantalón cómodo y camiseta.
Ingresé al baño y por una fracción de segundo esperé a que ella ingresara a bañarse conmigo, como un cacorro de mí salió un jadeo el cual con