Capítulo 23

Tomas.

Hice que pusiera de pie, cerré la puertilla y miré que todo estuviera en orden antes de quitarle la venda. Observé mis dedos temblar al deshacer el nudo.

Cuando la seda cayó, Verona cubrió su boca para no chillar.

—Qué. Demonios —jadeó.

Cualquiera podría decir que estábamos expuestos en el techo, pero no era así. Las paredes de la habitación eran de cris

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