Todos se quedaron estupefactos. Algunos de ellos habían sido testigos de la capacidad de Aidan de controlar el hielo y el destrozo del cuarto, pero como siempre, lo terrorífico del fuego no se lo quitaba nadie. Y menos como las llamas ligeramente creaban un halo que se movía alrededor de Aidan como protegiéndolo.
A pesar de todo, no hubo movimiento por ninguno de los dos lados. Aidan no tenía intenciones de matar a ese lobo, sino de lo que estaba en su cabeza. Como supuso, estaba siendo control