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No quería ver el rostro de aquel lobo. Ya era suficiente con que estaba molesto con que Aidan hubiera desobedecido sus órdenes por no sabía que vez y se hubiera marchado del castillo solo. Y para ser la gota que derraba el vaso lo encontró siendo seducido por no solo ese lobo, ya había percibido una larga lista de muchos que lo tenían en la mira. No pudo evitar que su parte salvaje tomara el control y marcar el terreno que solo él podía pisar.

Antoin ni siquiera miró nuevamente al lobo. Agarró
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