Lucian odiaba no tener el control y sobre todo no comprender que ocurría. Como ahora. Se había despertado y tenía no solo a su hermano en la puerta con cara de incrédulo, sino a Aidan como si hubiera pasado por un fogoso episodio excitante.
-Hasta que... por fin... me sueltas- Aidan jadeó contra la almohada después de girarse boca abajo pareciendo ¿satisfecho? El olor que desprendía era sumamente dulce sobre todo por el semen que se encontraba entre sus muslos y en su vientre.
Lucian frunció e