Lukyan se removió en la cama ante las voces a su alrededor y que taladraban su cerebro. Como resultado abrió los ojos de muy mal humor. Y eso no era bueno... nada bueno. En la puerta vio a su esposo que tenía el ceño fruncido y los brazos cruzados delante de su pecho. Eso no era normal en Dante que solía levantarse de mucho mejor ánimo que él todos los días, más bien, se encargaba de alegrarle la mañana si se levantaba como se sentía hoy.
El lobo apretó los dientes. Rápidamente reconoció el olo