Parecían tan... íntimos. Aidan se quedó quieto en el pasillo hasta que ellos se perdieron. La atmósfera que había entre los dos era parecida a la de cuando sus padres estaban tonteando juntos o más bien, su padre intentando convencer a su ma de meterle mano.
Se llevó la mano al pecho y se apretó. Lo que más le disgustaba era que al menos la voz del lobo estaba en su cabeza, pero ni siquiera podía oír la de Lucian. Acaso ni eso iba a recibir. Mordió su labio al punto que casi le dolió y sangró.