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-¿Lukyan?- Dante no podía creer que su esposo estuviera allí- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo nos encontraste? - estaba aturdido. Ellos habían tardado horas en encontrar el lugar donde estaba Aidan encerrado y él había llegado… tan fácilmente.

El lobo lo miró por encima del hombro. Sus ojos violáceos tenían todo menos ese color. Estaban completamente dorados y ausentes de iris. Y con el ceño buen fruncido, ambos alfas supieron que el lobo no estaba molesto, sino lo que le seguía.

-Aidan es mi hijo, crees
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