Entrenada para este tipo de situación, Xana estaba más que preparada, pero eso no significaba que fuera complicado. La sangre corría por su brazo entumecido de dolor ante las heridas de las garras en este, y no solo allí. Después de varios minutos otras heridas más se habían sumado a su cuerpo, entre ellas una en su vientre y otra en su muslo.
Por suerte no eran tan graves, aunque le preocupaba la pérdida de sangre, esta se estaba tornando peligrosa. De igual forma, el cuchillo en su mano se ha