Mi cuerpo se debilita al punto de que me sostengo del barandal, porque todo me da vueltas y siento unos brazos rodearme sosteniendo mi cintura para que no me desplome.
—¿Te pasa algo? —pregunta con un tono de voz preocupado.
—No sé, me mareé. —respondí débilmente llevando mi mano a su hombro para sostenerme de él.
Él coloca su mano detrás de mi espalda y la otra debajo de mi pantorrilla y me carga. —¿Ah dónde me llevas? —pregunte un poco mareada.
—Ah tu habitación, creo se te bajo la azúcar po