Después de una agitada noche de sexo para Amanda, el sueño la arropó y la despertó el sonido de la puerta, siendo tocada con insistencia. Ella se colocó de pie y tambaleando de un lado a otro, mientras tallaba sus ojos, se acercó para abrirla.
—Buenos días, siento que te has olvidado de mí.
—¡Jamás lo haría! Anoche le dije a Elliot, que el día de hoy tenía pensado llevarte al parque por un helado y para que juguemos juntos.
—No quiero ir al parque —respondió lleno de miedo.
—¿Por qué no? Allá a