Alexander sonrió y la rodeó con un brazo.
—En lugar de ver una película… ¿por qué no vamos a casa y nos acurrucamos? —dijo con una sonrisa traviesa.
—No me provoques, Alexander —respondió ella en voz baja, sabiendo que la estaba molestando.
Alexander soltó una risa suave.
—Tenemos que ir a casa ahora. Todo está listo.
Camila lo miró sorprendida.
—¿Qué está listo?
—Lo verás cuando lleguemos —respondió él.
Luego tomó su mano, y ambos caminaron hacia la parada del autobús, como una