Camila asintió.
—Tuve que sacarla prácticamente a rastras —dijo con una ligera sonrisa—. Vamos.
Se dio la vuelta para irse, pero Alexander le tomó la mano. Ella lo miró con los ojos muy abiertos.
—Gracias por hoy —dijo él con seriedad, mirándola directamente a los ojos.
Camila desvió la mirada.
—Oye… ¿pueden dejar de agradecerme los dos como si fuera una extraña? —respondió.
—Para mí lo eres —dijo Alexander.
Ella volvió a mirarlo, sorprendida.
—¿Qué?
No podía creer lo que acababa de es