—Gabby, no… —intentó protestar Camila.
Gabby sonrió; esta vez no pensaba rendirse.
—No te preocupes, es solo una piscina, no el océano. Además, puedes hacer pie —dijo, dejando la toalla a un lado y entrando al agua para demostrarlo—. Mira, aquí puedes pararte —señaló la parte menos profunda—. El otro lado sí es más hondo, así que quédate de este lado.
Le hizo un gesto para que se acercara.
—Qué insistente…
—Créeme, estarás bien —la animó Gabby.
Camila se quitó el vestido y entró con caute