Un sueño traicionero.
Narra Loreley.
Cuando llegamos a la hacienda, Alfonso se encontraba totalmente ebrio, y con cada paso que daba tambaleaba de un lado a otro al mismo tiempo que intentaba tocarme, y sentía que cada parte de mí que él lograba tocar me dejaba sucia. Me asqueaba percibir su tacto tanto que ansiaba morir en ese preciso momento.
Entonces empecé a evadir su toque, pero era imposible porque el malnacido estaba empeñado en manosear todo mi cuerpo y sin importar lo recia que sea yo él duplica mi fuerz