Mundo de ficçãoIniciar sessãoCristiano Nunes, um investidor de polícia, enfrenta o desafio de desvendar um crime ao ser transferido da capital de São Paulo para a cidade turística Serra dos Anjos. Enquanto mergulha na investigação, seu destino se entrelaça com o de Emilly Marino, uma mulher independente e empresária da construção civil, cujo passado guarda segredos desconhecidos até por ela mesma. A intensa atração entre eles se torna evidente, e apesar dos muitos motivos que Cristiano tem para se manter distante, percebe que resistir não será tão simples. Entre o dever e o coração, ele se vê diante de escolhas que desafiarão suas convicções e o levarão além dos limites da investigação policial.
Ler maisCAPÍTULO 1: INFIDELIDAD EXPUESTA.
La catedral Madre María estaba hermosamente decorada para la boda de ese día. En el altar, una pareja de novios era vista por todos como la pareja perfecta. El sacerdote, con una voz solemne, hizo la pregunta de rigor a la novia:
—Svetlana Jones, ¿aceptas a Ricardo Bianchi como tu esposo para amarlo y respetarlo, hasta que la muerte los separe?
Todos esperaban la respuesta afirmativa de la novia, pero lo que sucedió a continuación lo cambió todo.
—No —dijo ella con firmeza, y en sus ojos se mostraba el dolor y la rabia a partes iguales.
Todos en la iglesia contuvieron la respiración y el silencio se volvió pesado, hasta que fue roto por el grito ofendido de la futura suegra, Doménica Bianchi, la madre de Ricardo:
—¡¿Te has vuelto loca?! —preguntó la mujer con frialdad.
Svetlana miró a la que hasta hacía poco iba a ser su suegra y sonrió.
—Lo que menos estoy es loca. Solo me di cuenta de que su hijo es una basura podrida —respondió.
La mujer abrió los ojos como platos y antes de que pudiera decir algo, Ricardo intervino. Agarró del brazo a Svetlana y le gruñó:
—¿Qué carajos es todo esto? ¿Nervios de novia?
Ella se zafó de su agarre y acto seguido lo abofeteó.
—Eres un desgraciado de lo peor, Ricardo. Todo este tiempo tú y tu amante me han estado viendo la cara. ¿Creíste que no lo descubriría? ¡¿Creíste que no me enteraría de que llevas meses acostándote con mi amiga?! ¡Con Andrea!
Todas las miradas, incluida la de la madre, se volvieron hacia la mujer en cuestión y ella solo pudo tragar, mientras su cara palidecía, el pequeño ramo en su mano tembló. Svetlana dio un paso hacia la que era su amiga y también su dama de honor y la enfrentó cara a cara.
—Vamos, diles a todos que tú y mi novio se acuestan a mis espaldas.
La mujer negó y adoptó una pose de víctima.
—Lana, no sé de qué hablas... Ricardo y yo... solo somos amigos…
Pero la risa burlona de Svetlana cortó sus palabras.
—Típico, no tener el valor para aceptar las consecuencias. Pero ya que no me dejas otra opción, entonces que todos lo vean.
Terminando de decir esto, en la gran pantalla detrás del altar comenzó a reproducirse un video íntimo, donde Ricardo y Andrea tenían relaciones.
“Hmm, Ricardo, más bebé... dame más...”
La voz de Andrea fue fuerte y clara. Y los murmullos no se hicieron esperar, así como la vergüenza en algunos rostros tampoco.
—¿Vas a decir que no eres tú la del video? —inquirió Svetlana, dolida pero furiosa de ser traicionada por dos personas que creía la amaban.
El video siguió corriendo y las voces de Andrea y Ricardo se hicieron más nítidas, aumentando la vergüenza de los presentes.
—¡Por favor, apague eso, recuerde que estamos en la casa de Dios! —dijo el sacerdote, avergonzado.
—No se preocupe, padre. Dios sabe que es para desenmascarar a un par de traidores —respondió Svetlana, sin intención de apagarlo.
Había descubierto la traición cuando vio un broche pequeño y de mujer en el departamento de Ricardo. Obviamente, la pieza no era de ella y la duda se instaló, así que colocó cámaras ocultas y para su sorpresa, resultó ser su amiga. De repente, la pantalla fue apagada y Svetlana se giró, solo para recibir la bofetada de Doménica.
—¡¿Cómo te atreves a humillar a mi hijo de esta manera?! —exclamó.
Svetlana se llevó una mano a la mejilla y antes de poder decir algo, su suegra atacó con más crueldad.
—¿Te atreves a hacer un escándalo cuando somos nosotros quienes te hacemos un favor? —bufó y la miró como si fuera una cucaracha—. Ya tienes 35 años y tu tiempo se acaba, Svetlana —se rió y se inclinó hacia ella y le susurró—: ¿Crees que habrá alguien más que se sacrifique casándose con una adoptada, una mujer que no tiene un pasado, que no encaja y que además... es rara? No tienes derecho a exigir más. Mi hijo te hacía un gran favor casándose contigo... y no lo culpo por tener una amante, como hombre tiene necesidades y ya que tú te las das de mojigata, no te quejes.
Los ojos azules de Lana se abrieron en shock. En pocas palabras, Doménica le estaba diciendo que sabía de la infidelidad de su hijo. Algunos de los invitados comenzaron a reír. Pero Svetlana mantuvo el rostro en alto a pesar de que las risas y comentarios como "santurrona" y "quedada" se escuchaban en la iglesia.
—Prefiero ser una mojigata a una zorra. ¿Y sabe qué? Su hijo haría bien en casarse con Andrea, ya que los dos son tal para cual —dijo ella retrocediendo un paso, quería irse, quería escapar de ese lugar.
Estaba a punto de bajar, cuando Ricardo habló, haciendo que se detuviera.
—Soy tu única oportunidad de casarte. De lo contrario, nadie se interesará por una mujer que ya casi no podrá dar hijos. Tienes 35, Svetlana, te haces vieja.
Ella apretó los dientes sintiéndose más humillada que nunca, cuando de repente una voz grave, masculina, habló.
—Si no quieres casarte con él, entonces… cásate conmigo.
La mirada de todos los invitados cambio a la voz desde la puerta y en un instante se llenaron de sorpresa, como de temor.
CristianoMeses depois...Como sempre, estamos em frente ao D’ângelo Grill, com Gustavo fazendo piadas sobre casamento e polícia, e Alex tentando me acalmar, tanto das piadas de Gus quanto da situação geral. Conferi o bolso da jaqueta quatro vezes e as alianças estão na caixinha preta camurçada como deixei.Quando Vanessa bate no meu braço e indica o outro lado da rua com o queixo, um frio estranho misturado a uma sensação quente, rodopia em minha barriga. Emilly está chegando. Viro e, ao vê-la, abro um largo sorriso. Ela está perfeita. Aliás, ela é perfeita.Olha para os dois lados, esperando uma brecha no trânsito para atravessar a avenida e levo um susto quando um garoto passa atrás dela correndo. Ele quase a derruba no chão ao puxar sua bolsa. Antes que ela reaja ao susto e grite, estou correndo atrás do meliante. Atravesso a avenida sem pensar, espalmando as mãos diante dos carros e parando o trânsito. Os motoristas freiam buzinando alto e me xingam, mas eu só enxergo aquele meni
EmillyNosso tempo juntos foi pouco para justificar como me sinto. Como pode alguém significar tanto na minha vida, em tão pouco tempo? Mas foi assim que aconteceu. Cris tinha um jeito de me olhar inigualável. A gente se comunicava e se entendia dessa forma, mesmo sem palavra alguma. Ele fazia com que eu me sentisse única, especial. E sofro muito a sua ausência. Até que foi ficando mais fácil. Ou, talvez, eu esteja fingindo tão bem, que até mesmo me convenço de que superei.Depois de vê-lo com Samantha na capital, pensei tanto sobre isso. Todos os argumentos e motivos que me deu para terminarmos foram esquecidos e sufocados pela ideia de que terminou para voltar com aquela mulher. Tentei ser indiferente, paquerar, sair com uns caras, mas falhei como se estivesse estragada para outros homens.Afundei-me no trabalho, ampliei a empresa e, no tempo vago, me ocupo no ginásio, treinando as lutas que os policiais ensinam aos adolescentes. Depois do trauma que Alberto criou em mim, saber me d
EmillyO carro some da minha vista e confesso que me assusto com o tamanho da dor que pesa sobre mim. A garganta se fecha e me falta ar. É como se os pulmões estivessem se comprimindo. Achei que havia chorado tudo o que podia, mas as lágrimas jorram sem controle algum. Encosto atrás de uma coluna fora da visão de quem passa pela rua e tento me controlar antes de sair do prédio.É quando ouço a voz de Alex atrás de mim.— Emilly?No susto, me viro rápido, e a dor aumenta ao ver a forma complacente com que me olha. Sim, estou digna de pena, por isso ajeito o cabelo e passo o dorso da mão pelo rosto, tentando secá-lo.— Oi, Alex. — O fio de voz que sai não parece nada com a minha.— Conseguiu encontrar o Cris?— Sim, acabou de sair. — Aponto a rua me obrigando a sorrir e fingir que não está doendo demais.— Que bom que veio, ele estava arrasado pensando que iria embora sem te ver.Olho na direção do portão e volto a encará-lo. Seu olhar é tão terno, que sou incapaz de mentir ou sequer om
CristianoEla se foi. — Penso, sentado no carro em frente à casa de Vanessa.Eu deixei Emilly na cozinha e atravessei a sala sentindo que meu interior se desmoronava. Como se houvesse algo comprimindo meu peito, estilhaçando meu coração. Tranquei a porta do banheiro e apertei a pia com a mesma força com que trinquei os dentes, lutando contra o desejo ardente de chorar, gritar, quebrar alguma coisa, como se isso fosse aliviar a dor. Quando voltei para a sala e vi que Emilly tinha saído com suas coisas sem se despedir, a raiva que sentia aumentou. Não dela, mas de toda essa situação de merda. Saí de casa para trabalhar impaciente como há muito tempo não me sentia. Vanessa percebe de longe que meu humor não está dos melhores. Entra no carro, tentando desvendar o motivo do meu estresse logo cedo, mas não quero falar. Discutimos por eu não aceitar passar na padaria, e quando chegamos na DP, saio do carro deixando as chaves na ignição.— Se quiser, volte lá sozinha. — Viro as costas e entr





Último capítulo