Gruñidos y más gruñidos era lo que podía escuchar después de haber cerrado mis ojos, escuché ruidos, pero no quería abrir mis ojos. Finalmente me armé de valor y pude abrirlos, me di cuenta que dos lobos estaban mordiendo a Marcelo, estaban a tan sólo unos cuantos metros delante de mí podía ver la ira y la fuerza que estaba ejerciendo, pero esos lobos lo estaban deteniendo.
—¡Vete de acá!— escuchaba una voz en mi interior, por supuesto que sabía que era la de Marshall, sabía que era una mala i