PIPER
Desperté sonriente, radiante, feliz, al menos me sentí así hasta que sentí un peso sobre mi pecho y suave piel en mi mejilla.
—¡América maldita sea quítate de encima! — chillé intentando apartar su pie de mi mejilla.
Tiene su otra puerta encima de mi estómago y ella está profundamente dormida, estirada cabeza abajo y con el pelo hecho un desastre.
Por más que la removí no logré sacármela de encima y menos despertarla, tuve que escribirme lentamente hasta lograr salir de la cama.
Bajé las