Efectivamente, nadie estaba feliz: Ben tiembla que una gelatina, Ian no deja su sermón y por lo que vi desde la camioneta cuando cruzamos las rejas, el pulgoso tampoco lo está.
Antes de que Ian se estacionara pude ver en el umbral de la puerta a Marshall parado con los brazos cruzados.
— Va a degollarme— balbuceó por cuarta vez Ben.
Abrí la puerta sin molestarme en tomar la sombrilla que Ian me ofreció.
Estoy empapada ¿Para qué sombrilla?
Charlie le indico a Ben que bajara del auto y este aún