Bartolomé tenía una cara de pocos amigos. Fue hacia la puerta, la cerró con mucha fuerza demostrando su enojo, y volvió a la silla que estaba frente a la cama de Rodríguez.
La mirada entre ambos marcaba la tensión existente. A Rodríguez lo habían baleado por culpa de Bartolomé y este último lo sabía muy bien.
-¿Qué diablos quiere, Sr. Craviotto? –preguntó Rodríguez queriendo empezar la conversación.
-Su ayuda.
Bartolomé reía en sarcasmo.
-¿Usted quiere mi ayuda me está diciendo? Debe estar jodi