Entre la Venganza y el Amor
Entre la Venganza y el Amor
Por: Lady Ban
“PREFACIO”

—¡Quiero que te largues de mi casa, insolente! — Sally cubrió su cuerpo desnudo con una sábana mientras su esposo le gritaba histérico y fuera de lugar.

—Brent, escúchame, déjame explicarte…

—¡Cállate, traidora!, ¿cómo has podido serme infiel cuando te lo he dado todo? Y tú, maldito bastardo, ¡Lárgate antes de que te muela a golpes y acabe con tu miserable vida! —Brent había perdido el control.

—Por favor, déjame explicarte qué sucedió.

—¿Qué vas a decirme?

—Yo… —Sally guardó silencio al no saber qué decir, de cierta forma no había nada que pudiera expresar.

—Vístete y lárgate de mi casa. Eres una cualquiera, me avergüenzas. Al menos te hubieras ido a un hotel en vez de coger con ese tipo en nuestra cama. ¡Perra! —Sally bajó la mirada al suelo. No tenía nada que decir, ni siquiera recordaba cómo fue que llegó a estar en los brazos de ese hombre que ni ella misma conocía. El último recuerdo fue haber tomado un jugo con su hermana, y luego de eso ya no hay más en su memoria, hasta esa mañana que escuchó el grito de Brent tras encontrarla en la habitación envuelta en las sábanas con un desconocido.

Sally se alistó tan rápido como pudo, y sin opciones preparó su maleta para irse de la casa, no tenía forma de convencerlo de lo contrario, de demostrarle que no había sido su culpa.

Con cuidado bajo las escaleras hasta la sala de estar, lloraba a moco suelto por el dolor de saber que su relación había fracasado sin causa justa, Brent estaba en la puerta esperando a que ella se marchara de una vez de su casa, pero Sally no quería hacerlo, lo amaba, lo amaba con locura y no quería dejarlo.

—Por favor, no me dejes, te juro por mi vida que nunca te sería infiel, algo sucedió anoche, y no fue consensuado lo que ocurrió entre ese sujeto y yo. Brent, te amo, mi amor, jamás podría mirar a otro hombre que no fuera a ti. —No mentía, Brent era su gran amor de toda la vida, lo conoció desde la universidad, y desde entonces han estado juntos, pero algo sucedió anoche, algo malvado le ocurrió a Sally.

—¿Amarme? No finjas amarme cuando te revolcaste con otro hombre en mi casa, mi cama. Yo si te amo, pero has roto con mi ilusión, Sally. Te creí una mujer sensata, respetable, y mírate, terminaste siendo una cualquiera. —sus ofensas le dolían.

—¡Nunca te sería infiel, por Dios, créeme!

—No puedo creerte cuando me has roto el corazón. Sally te vi, te vi desnuda y envuelta entre los brazos de ese hombre. ¿Cómo creerte? ¡Mi mujer estaba durmiendo con otro hombre, m*****a sea! —Brent gritó de nuevo al momento de quebrar contra el suelo un jarrón—. ¡Te quiero fuera de mi casa, de mi vida!

—¿Nos vamos a divorciar? — preguntó con la voz cortada.

—Sí, no pienso seguir casado contigo. No me mereces. —ella cubrió su boca tratando de ahogar el llanto, su corazón se había quebrado en miles de pedazos. Había soñado un mundo hermoso al lado de él, y ahora todo se volvió negro y vacío.

—Brent, piénsalo bien. Deberías de creerme y ayudarme a saber cómo ese hombre llegó a mi lado. ¡Pudo haber abusado de mí y tú solo supones que yo me revolqué con él, soy una mujer con clase, con criterios y principios, fui criada con valores y jamás en mi vida le faltaría el respeto al hombre que es mi esposo, pero tú no me crees y me juzga por lo que viste!

—¡No vas a convencerme de lo contrario, Sally, no seré el idiota cornudo, te largas de mi casa y jamás vuelvas, no quiero verte, y la próxima vez que te vea será para que firmemos el divorcio. Mi peor error fue confiar en ti!

—Tu peor error es este, juzgarme y no creerme. —Brent se acercó a ella.

—Vete, y para que te quede claro, no te voy a dar ni un centavo de mi dinero, perra. —lo abofeteó sin importar el que su mano ardiera de dolor.

—Vas a vivir arrepentido toda tu vida, Brent, porque esto no fue más que una trampa de alguien que desea verme separada de ti. Me rompes el corazón, el alma, pero eso lo llevaré grabado en mi mente para así cuando me busques, tener presente este momento y mandarte a volar. He estado contigo en todo instante de tu vida, eso debe ser suficiente para darte cuenta de que nunca te lastimaría. —dijo cerca de su rostro.

—Conmovedor, pero no lo suficiente para seguir engañándome. Deja las llaves sobre la mesa y vete. —pasó por su lado para dirigirse a su despacho, ella limpió sus lágrimas y dejó las llaves en donde le pidió, antes de irse, se devolvió, y justo cuando pretendía tocar la puerta de su despacho para decirle cuánto lo amaba y que estaba embarazada, escuchó una risilla femenina familiar, seguido de un comentario que le destrozó la vida.

—¿Ya se fue? Quiero tenerte para mí solito. —preguntó la mujer.

—Sí, ahora soy todo tuyo, el plan funcionó, llegó drogada anoche y el sujeto que contraté hizo su labor con ella. Nada nos podrá impedir amarnos, mi vida. —Sally colocó su mano en vientre y cerró sus ojos al escuchar a Brent confesar que todo había sido planeado.

—Deberías agradecerme a mí, hacerla tomarse todo el jugo me costó mucho, pero la convencí. Pobre de mi hermanita, debe estar llorando porque la has dejado. No sé cómo te pudiste casarte con ella cuando siempre han sido una tonta —Sally quería desaparecer, su propia hermana y su esposo, la habían traicionado—. Ahora solo queda que se divorcien, y así tú y yo nos podremos casar y tener esa vida que tanto hemos añorado. Soy la mujer que mereces, mi amor. Soy aquella que debe estar a tu lado para representarte en todos los sentidos.

—Los trámites están en proceso, pronto seré un hombre libre para ti. Me encantas demasiado, tu cuerpo, tus besos y tu forma de hacerme el amor y sentir hombre, eres maravillosa, incomparable. Cómo no me fijé en ti antes.

—No me sirve un divorcio, Brent, la quiero fuera de mi camino —Brent frunció el ceño—, la quiero muerta. —Sally, al no poder escuchar más, retrocedió, volvió a la sala de estar y cogió la maleta para salir huyendo, subió al auto y se desplomó a llorar. Sintió tanto dolor y repudio en la vida, la decepción la estaba quemando viva, y más por la idea de saber que estaba esperando un hijo de aquel hombre que amaba y a su vez odiaba por haberla traicionado junto con su hermana.

Ella encendió el auto y salió de la mansión, sin esperar, y suponer que un destino peor le esperaba.

Condujo a toda velocidad, y cuando intento en varias oportunidades de hacer frenar el auto, chocó contra un camión del cual sería imposible sobrevivir.

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