—¡No, esto no puede suceder! —Brent se separó de los labios de Carlota y la hizo bajarse de sus piernas con arrogancia. —Lárgate de mi vista y no vuelvas a hacer algo como esto. —Carlota gritó dentro del auto, histérica y golpeando como loca, todo lo que tenía a su alcance.
—¡Eres un completo idiota, ella no te ama, Brent, no como te amo yo a ti! —parecía una niña malcriada.
—Fuera de mi auto ahora, Carlota, la próxima no te lo voy a pedir, te voy a bajar yo mismo y no será de buena manera. Y a