Luego de mucho pedirse a Frank que me llevase a ver a Christian, el hombre por fin aceptó; a mis niños los dejé en Cuernavaca al lado de Matías y Blanca, quienes llevaron a su pequeño para sentirse más seguros.
Ahora que estoy aquí, me siento más tranquila, aunque no puedo respirar de la misma manera, pues el sonido constante del monitor cardiaco no me deja tranquila ni un momento.
Me la he pasado observando a Christian desde que llegué. Afuera del hospital llueve a cántaros; incluso la lluvia