DARIAN
El silencio que siguió a la guerra era más ensordecedor que el fragor de la batalla.
Tres días habían pasado desde la caída de Ravencrest. Habíamos regresado a la fortaleza de Nightbane, que ahora operaba oficialmente como la capital provisional de la Diarquía, mientras se iniciaba la construcción de una nueva casa principal en la frontera exacta de nuestros territorios.
El costo físico de haber invocado a la Bestia Unificada había sido brutal. Durante las primeras cuarenta y ocho horas,