DARIAN
Las paredes de caoba de su habitación sofocaban el aire, volviéndolo denso, caliente y cargado de un magnetismo animal que me estaba consumiendo la razón. La puerta había quedado cerrada con doble seguro, sellándonos en un mundo donde solo existíamos ella y yo.
El pestillo cayó y la contención se hizo pedazos.
La atrapé por las caderas y la pegué contra la madera con un impulso cargado de hambre. Lyra no retrocedió; soltó un jadeo agudo que se ahogó en mi boca cuando la devoré. Fue un ch