Mundo ficciónIniciar sesiónLYRA
El gran salón de la Manada Blackwood estaba repleto de música, luces y copas. Eran las 11:55 PM. Había bailado con Aiden, conversado con Kaia y recibido las felicitaciones todos. Por primera vez en diez años, sentía que mi cumpleaños era perfecto.
Y la razón principal de mi felicidad era una sola: Darian Nightbane no estaba.
Desde que asumió el cargo de Alfa, Darian había tomado la molesta costumbre de llegar tarde a mis cumpleaños. Todos los santos años. Yo siempre guardaba la ingenua esperanza de que sus obligaciones de líder lo mantuvieran ocupado y no apareciera... pero el muy infeliz siempre llegaba al final, solo para arruinarme la fiesta con su sola presencia.
—Creo que este año por fin se le olvidó, Lyra —me susurró Kaia con una sonrisa, entregándome una copa.
—Ojalá —resoplé, mirando el reloj—. Faltan tres minutos para la medianoche. Si no ha cruzado la frontera a estas alturas, estamos a salvo.
Pero justo cuando las palabras salieron de mi boca, un rugido ensordecedor retumbó en la entrada principal del complejo.
Un motor ruidoso, violento e infernal rompió la música del salón. Era el estruendo inconfundible de su motocicleta.
«Maldita sea», pensé apretando los dientes. «Lo hace a propósito».
Aceleró el motor un par de veces más frente a la entrada, anunciando a grito herido que el gran Alfa Nightbane había hecho su aparición triunfal. Quería ser el centro de atención. Quería que todos supieran que había llegado. Y lo logró: un grupo de chicas de la manada soltó grititos de emoción y se amontonó cerca de la puerta, acomodándose el cabello para ver si el Alfa más cotizado del territorio les regalaba una mirada.
Sentí cómo se me revolvía el estómago de la pura rabia.
—Siempre tiene que ser el tipo duro de la película, ¿verdad? —refunfuñó Aiden a mi lado, cruzándose de brazos.
—Es un imbécil narcisista —gruñí, dando un trago largo a mi copa mientras veía cómo la puerta principal de roble se abría de par en par.
11:59 PM.
Darian cruzó el umbral. Llevaba una chaqueta de cuero negra sobre una camisa oscura, despeinado por el viento de la carretera y con esa caminata arrogante que me daba ganas de estrellarle un puñetazo en la quijada. Las chicas suspiraban, pero sus ojos verdes pasaron de largo de todo el mundo y se clavaron directo en los míos.
Tenía esa sonrisa de medio lado, esa cara de "llegué a arruinarte la noche, enana".
Dio tres pasos dentro del salón. Sostuvo mi mirada retadora.
Y entonces... el reloj de la torre marcó exactamente las 12:00 AM.
El impacto fue tan violento que casi dejo caer la copa de la mano.
Un choque de energía mágica nos golpeó de frente. De repente, el aroma a cuero y gasolina de su viaje fue erradicado por completo por una fragancia adictiva, salvaje e intensa: madera de pino quemada y tormenta. Un olor tan dulce y dominante que me obligó a inhalar con la boca abierta, haciendo que mi pulso se disparara a mil por hora.
En el marco de la puerta, la sonrisa de idiota de Darian se congeló. Sus ojos verdes brillaron en un tono dorado encendido y su cuerpo entero se tensó como una cuerda a punto de romperse. La chaqueta de cuero se le apretó en la espalda cuando su pecho se expandió en una inhalación profunda y desesperada.
Nyx despertó en mi cabeza con un aullido ensordecedor que me erizó cada poro de la piel.
«¡MÍO! ¡EL ALFA ES MÍO!», bramó Nyx en mi interior, frotándose furiosa contra la pared mental que me separaba de él.
Me quedé helada en medio del salón, con el corazón en la garganta y la mente entrando en un pánico absoluto.
«No, no, no, Diosa Luna...», supliqué en un susurro mental mientras veía a Darian dar un paso instintivo hacia mí, con la mirada de un depredador que acaba de encontrar lo más valioso del universo. «Dime que esto no está pasando. De todos los lobos de la tierra... ¿tenía que ser ÉL?»







