Alma
Miguel no formuló ninguna palabra durante todo el camino. Simplemente nos recogió en la entrada del cine y se dedicó a conducir. No me ha dedicado siquiera una mirada, yo sé que está molesto, muy molesto y no me quiero imaginar las ideas que cruzan su cabeza.
—Papi quiero pizza — Le pide Gabriel.
—Llegando a casa ordenamos, campeón. Alma, si lo deseas, te dejo aquí y tomas un taxi para alcanzar a Marko. — Me sugiere centrando su fría mirada en el camino — Yo puedo cuidar a Gabriel esta noc