Marko Romano.
Aún no logro asimilar la magnitud de lo que he perdido debido a una mentira. Mauro, con toda su vileza, y mi propia inseguridad me arrebataron todo cuanto amaba. No puedo concebir cómo pude perderme los primeros años de mi Gabriel, y ahora él me mira con odio, reconociendo a ese despreciable Miguel como su padre.
Cada día es una lucha interna, una batalla entre el dolor y la rabia, mientras veo cómo intentan arrebatarme el lugar que me pertenece por derecho. Es una herida abierta