Habían sido unos días muy tranquilos. Ayudé a Brian y Pía con el tema de la mudanza y me despedí de ellos con un nudo en la garganta. Sabía que iba a extrañarlos mucho.
Miguel le había prometido a Brian que estaría muy cerca de mí y al pendiente de lo que necesitáramos. Su apoyo era reconfortante en medio de la incertidumbre.
La señora Mariel nos visitaba casi todos los días y amablemente se ofrecía a cuidar a Gabriel mientras yo iba a la entrevista de trabajo. Su presencia era un bálsamo en me