Me desperté sintiéndome adolorida pero feliz. Marko no estaba en la habitación, así que me puse una de sus camisas, ya que toda mi ropa estaba rota.
Bajé a la sala y vi que él había preparado panqueques, tostadas y estaba haciendo café. Me sorprendió verlo cocinando.
Se veía hermoso con su espalda desnuda.
—Buenos días —lo abracé por la cintura y le di un beso en la mejilla.
—Salúdame como corresponde, señora Romano —me pidió, señalando sus labios.
Le di un beso corto en los labios, y él me resp