—¡Alto ahí! ¡Suelte el arma! —gritó un policía, apuntando a Dorian desde su espalda. En ese instante, la mano de Dorian tembló y el disparo erró, rozando solo el hombro de Federick en lugar de acertar en su objetivo.
—¡Maldita sea! —Federick cayó al suelo, sintiendo el ardor de la herida.
Dorian soltó el arma y levantó las manos, girándose lentamente hacia el policía. Con una mirada fría y desafiante, le dijo:
—¡Bueno, creo que esto ha terminado! —Le dio una patada en la ingle al policía y s