Craig.
Después de que Ann se fue, cerré la puerta y esperé a que mi padre iniciara la conversación. No me gustaba para nada la forma en que me miraba, como si estuviera a punto de corregirme.
-Tres cosas. Es lo único que necesito saber.
El tono de su voz era seco y firme como siempre. Pero sus ojos reflejaban ira y una vez más yo era el objetivo con el que se desquitaría.
-Dime, padre—no supe que otra cosa decir.
-Explícame, ¿cómo entró un lobo a tu territorio sin que te dieras cuenta?
-Llegó