Y así, mientras unos se dejaban llevar por el odio y el rencor, Craig y Marcus se amaron sin pausas por las siguientes dos semanas.
Los primeros días eran felicidad pura, los demás, se sintieron como el paraíso mismo.
Marcus despertó una vez más al lado de Craig, desnudos y abrazados, con un ligero adormecimiento en su zona pélvica, pero inclusive ese “dolor” lo hacía feliz. Craig lo hacía inmensamente feliz.
-Buenos días—dijo Marcus como tomas las mañanas.
-Buenos días—le respondió Craig apret