SAMUEL
La luz del sol entra por la ventana como un puñal directo a mis ojos.
Todo duele. La cabeza me late como si algo me taladra por dentro. La boca la tengo seca, pastosa, con ese sabor amargo que deja el alcohol cuando abusas de él. Y el pecho… el pecho sigue igual. Vacío, roto, muerto.
Parpadeo varias veces hasta que la imagen frente a mí se vuelve nítida.
Y entonces los veo. Lucas, Gael y Bastián están de pie al lado del sofá, mirándome. No es una mirada de preocupación. Es una mirada de