VALERIA
Caminamos hacia la salida. La luz del sol nos ciega por un instante, pero no me importa. El mar brilla en el horizonte. Los jazmines huelen a vida. Los invitados nos miran con ojos brillantes.
—¿Lista, hija? —pregunta mi padre, extendiéndome el brazo.
—Lista, papá —respondo, y tomo su brazo.
—¿Nerviosa?
—Un poco —admito.
—Yo también —dice mi padre, y su sonrisa le ilumina el rostro.
—No se te nota.
—Muero de nervios, pero estoy muy feliz. Porque hoy veo cumplido el sueño que tu madre y