—Umm…
María cerró lentamente los ojos, permitiendo que sus labios fueran fuertemente sellados por la dominante presencia de Manuel.
El distintivo aliento fresco del hombre, poderoso y dominante, la envolvía, embriagándola hasta el punto de que no quería abrir los ojos...
Manuel abrió los ojos y se enfocó en el rostro delicadamente encantador de María, sin poder evitar tragar saliva, los labios finos se separaron de los de ella, y la mirada repentinamente se volvió profunda y peligrosa.
Dada su p