Capítulo52
Nicolás era uno, su padre era otro, y el hombre frente a ella también lo era.

Lágrimas ardientes se deslizaron silenciosamente por su rostro pálido.

—¡Espera hasta el día en que agote mi paciencia! —Manuel sonrió levemente, inclinándose hacia ella y lamiendo suavemente sus lágrimas, su rostro y sus labios…

Luego, su lengua abrió con fuerza los labios sellados de ella, y su ardiente calor inundó cada uno de sus nervios.

—¡Mmm…

María intentó liberarse, pero su cuerpo estaba firmemente presionado c
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