Capítulo325
—Sí, lo sé.

Sebastián miró a la mujer hermosa que lo miraba fijamente con sorpresa. Sus ojos se volvieron fríos y soltó una risa sarcástica.

—María, puedes estar tranquila. Te trato como a una hermana, y cualquiera que te haga daño, yo me encargaré de él.

Aumentó intencionalmente el volumen, y esas palabras llegaron a los oídos de María y, por supuesto, a los de Blanca. Su rostro cambió repentinamente, palideciendo.

Especialmente después de presenciar cómo Sebastián cuidaba a María de todas las
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