María, asustada, estaba a punto de gritar pidiendo ayuda cuando sintió una ráfaga de viento pasar junto a sus oídos. Sus labios fueron rápidamente cubiertos por un brazo cubierto de gruesos y oscuros vellos, y sus gritos fueron sofocados en su garganta.
Dos hombres fornidos vestidos de negro con gafas oscuras le dieron la vuelta a sus brazos, apretándolos firmemente detrás de su espalda, mientras tiraban con ferocidad de su larga melena que caía sobre sus hombros, obligándola a mirar hacia adela