Capítulo262
Ese hombre travieso siempre la seducía sin importar el lugar o la ocasión.

No olvides que Luis está presente.

El rostro de María se llenó de un rubor, avergonzada mientras intentaba liberarse de las provocaciones molestas de Manuel.

A pesar de sus intentos, la delgada muñeca fue firmemente sostenida por la gran mano de Manuel. El aliento inestable de él sopló sobre su cabeza, con un tono de descontento y melancolía: —¡No te muevas! Estoy de mal humor, déjame.

Realmente... ¡Aprovechándose de ella
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