Esa era la privacidad de Manuel, dado que él no quería que ella lo supiera, no podía unirse a esa animación.
—No es nadie —dijo Manuel, volviéndose fríamente, con una voz escasa y fría.
Esa frase dejó a María sin palabras.
El viento nocturno soplaba fuerte por la ventana abierta, levantando los cortos y duros cabellos de Manuel. Él se dio la vuelta, con una mirada fría, caminó hacia ella, levantó con autoridad su delicada barbilla con los largos dedos, obligándola a encontrarse con su mirada: —S