María sintió un dolor punzante en el cuello que estuvo a punto de hacerla gritar, mientras clavaba su mirada en el perfil de Manuel. En su interior, murmuraba insultos hacia él, llamándolo “loco”, y extendió la mano para empujarlo.
Pero antes de que sus manos pudieran tocar su pecho, Manuel las sujetó y las mantuvo firmemente sobre su cabeza, dejándola inmovilizada.
—¡Suéltame!— gritó María mientras sacudía frenéticamente su cuerpo.
—Si no eres obediente, tendrás que enfrentar las consecuencias—