Capítulo244
Las manos de María estaban atadas detrás de la silla del sofá, con un trozo de viejo trapo blanco atascado en su boca. En el aire herméticamente cerrado, se percibía un olor asfixiante a polvo.

Estaba atada de manera firme, sin ni siquiera espacio para resistirse.

Sara estaba de pie frente a ella, extendió la mano y arrancó el trapo de su boca, con una mirada de desprecio en sus ojos, totalmente desdeñosa.

—Cof, cof...

La tela blanca se desgarró de repente.

Quizás el aire estaba demasiado sofoca
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