María en una situación incómoda, evitando a la mujer agresiva como una harpía, retrocedió hacia los estantes y la miró fríamente: —¿Qué pretendes hacer?
—¿Qué pretendo hacer? Jaja, ¿realmente tienes la cara de preguntarme qué pretendo hacer?
Sara se acercó paso a paso, con las uñas pintadas de un rojo brillante, señalando a María acorralado en la esquina, sonriendo de manera frenética como si estuviera loca. Mientras se reía, lágrimas brotaron de sus ojos.
—Quiero que me devuelvas mi casa, mi co