PDV de Katerina
La pesadilla llegó de nuevo esa noche.
Siempre empezaba igual. El olor a humedad y pintura vieja descarapelada, la luz que parpadeaba sobre mi cabeza, el sonido de sus pasos lentos y deliberados acercándose por el pasillo.
Gasper.
Intenté moverme pero mi cuerpo no respondía, paralizado por ese miedo específico que solo él sabía provocar, el tipo que se instalaba tan profundo que te robaba hasta el aliento.
La puerta se abrió.
Me desperté de un golpe, con el corazón a galope y el