El dardo voló y dio en el blanco, uniéndose a los otros dos que habían sido lanzados previamente. Uno de mis hombres procedió a ir a buscarlos para mí, pero lo detuve con un gesto de la mano, caminando hacia donde el tablero colgaba firmemente en la pared yo mismo, con la cabeza ladeada en diversión.
Era casi simbólico. Tres excelentes puntadas para los tres ataques que estaban ocurriendo en ese momento. O quizás era una señal de que la Santísima Trinidad tenía las espaldas de la Cosa Nostra. C