PDV de Mauricio
Tenía miedo, podía notarlo por las suaves subidas y bajadas de su pecho y la rigidez de su columna que el buen juicio finalmente se había instalado en su cerebro temerario.
Pero como dije antes, era un poco tarde para eso. Había una lección que dar. Una que nunca olvidaría.
Me lancé hacia ella y ella lentamente retrocedió alejándose de mí. No sentí la necesidad de apresurarme ni de perseguirla, no había ningún lugar adonde pudiera huir. Sin escapatoria. Yo era el depredador y el